| Vida Universitaria
Crónica / El 30 de marzo la Policía
se tomó la U.
De la trinchera a la fuga
Una vez más la fuerza de la discusión
se perdió tras una jornada de protesta que finalizó
con la inesperada retirada de la fuerza pública.
Por Johanna Elizabeth Manrique H., Economía
jemanriqueh@unal.edu.co
La fuerte protesta que el miércoles 30 de marzo se alzó
contra las reformas que el ex rector Marco Palacios promovió
durante su gestión terminó súbitamente con
la desaparición de la fuerza pública, tras haber irrumpido
en el centro educativo hacia las tres de la tarde y haber desencadenado
una cruenta persecución contra los compañeros más
activos en los disturbios de ese día.
El tropel se armó sobre las porterías de la 45 y
la 26 hacia el mediodía, al tiempo que el humo de fogatas,
gases y explosivos se conjugaba alrededor de los manifestantes que
proclamaban consignas y de los mirones (la mayoría). A pesar
de la rudeza de la respuesta de la fuerza pública, los llamados
‘encapuchados’ iban de la trinchera a los blancos de
su protesta: la Policía y la estación de Transmilenio.
Mientras muchos estudiantes observaban, sin saber la razón
de los disturbios o permanecían indemnes en sus aulas de
clase o canchas deportivas, la Policía se tomó enérgicamente
la Universidad justo en el momento en que en la Facultad de Derecho
se produjo una acalorada discusión entre quienes defendían
sus pupitres y quienes defendían, de otro modo, su Universidad.
Pero de allí, la concentración de gases lacrimógenos
los obligó a desplazarse hacia las facultades de Odontología
y Humanas, de donde tuvieron que volver, ante la presencia casi
ubicua de los uniformados, lo cual se repitió continuamente.
En una carrera desenfrenada hacia el interior del claustro tras
el rastro de los ‘agitadores’, la Policía terminó
en las inmediaciones del Estadio luego de haber roto ventanas en
el Polideportivo y otros 17 edificios, rodeado las facultades de
Ciencias Económicas y Arquitectura y sus pasajes peatonales,
lanzado gases a diestra y siniestra alrededor de toda la Universidad
y perseguido a grupos grandes de estudiantes que, desconcertados
ante la noticia tardía de desalojo, encontraron imposibilitadas
todas las salidas.
Una vez más, la fuerza de la discusión se perdió
tras una jornada de protesta que finalizó con la inesperada
retirada de la fuerza pública. 
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Momentos previos
a la entrada de la Policía.
Fotos por William Condiza, Sociología.

Acostumbrados a la fuerza a la vecindad del
tropel, antes del desalojo los estudiantes trataron de continuar
su cotidianidad.


Participantes y no participantes tuvieron que correrles a las oleadas
de gas lacrimógeno. Fotos por William Condiza, Sociología.
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