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Memorias Panel de Bioética realizado dentro de la Cátedra Manuel Ancízar "Biotecnología para no biotecnólogos"

 

 


LA INCERTIDUMBRE MORAL EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO TECNOCIENTÍFICO
Gilberto Cely Galindo
Profesor de Bioética
Pontificia Universidad Javeriana


Acerca de las decisiones morales en tiempo de incertidumbre

Los tiempos actuales están marcados por incertidumbre moral. Aparecen nuevos dilemas que inquietan la conciencia personal haciéndola dubitar hasta el punto de que cualquier decisión que se tome está mediada por diversos actores y escenarios que hacen perder la nitidez del análisis y la apropiación de la responsabilidad. Lo moral queda a merced de dichas mediaciones, por una parte, y por otra al escrutinio de la psicología clínica que amplía sus fronteras analítico-terapéuticas sobre el espacio de lo moral para llevarlo al estudio patológico de la psique. Ya, por ejemplo, en la ética sexual, ser pederastra se desliza del juicio típicamente ético para ser remitido como problema psicológico de gran complejidad, en un escenario sociocultural sexualmente morboso, sobre estimulado por los medios de comunicación con sus ofertas de disfrute hedonístico a la carta y una comunidad de pertenencia permisiva de conductas extrañas en el mundo del afecto. Otro ejemplo lo tenemos en el incremento de la violencia en todos los niveles del comportamiento individual y colectivo, tema que pierde espacio ético al quedar a merced de disciplinas humanísticas como la sociología, la política, la economía, etc., que al llevar lo personal a contextos macro desdibujan la culpa concreta y con ello diluyen el sujeto en responsabilidades ajenas a él mismo. La tendencia es a externalizar la culpa, refiriéndola a agentes colectivos virtuales que no responden por nada. Asistimos, entonces, a una disminución del campo de la conciencia moral con explicaciones ajenas a los modos tradicionales de los discursos de la Filosofía práctica considerados como Ética y también de la Teología moral.

En este orden de cosas, parece que cualquier decisión moral que se tome vale igual que las otras, desapareciendo el colorido de la jerarquía de valores, asumiéndose que en lo moral también juega el método científico de aprendizaje por ensayo y error, sin que en el proceso haya nada que lamentar por los errores cometidos. Al respecto, se oye decir que la conciencia moral, también llamada conciencia intencional, se ve abocada a decidir rápidamente ante una gama cada vez más amplia de posibilidades de acción, puesto que el mundo contemporáneo se mueve a la velocidad del rayo y ofrece múltiples oportunidades como sucede en los supermercados. Por ejemplo, en decisiones de tanta trascendencia de la vida afectiva, algunos se preguntan: "¿me caso o compro un perro?", "¿me caso por lo civil, que tiene divorcio, o arriesgo mi futuro con el matrimonio católico que exige fidelidad hasta que la muerte nos separe?", "¿no será mejor vivir en amor libre para conservar la opción de cambio de pareja ante cualquier desavenencia que haga aburrida la convivencia?", "no queremos hijos porque nos amarran y perdemos libertad para viajar, para realizarnos profesionalmente, para invertir en bienes económicos, etc."

Y en decisiones que tienen que ver con lo macro social, con la administración y gobierno de lo público, los legisladores y gobernantes se las tienen que arreglar para satisfacer las demandas más disímiles de la sociedad pluralista contemporánea, abriendo espacios de libertad y tolerancia. Ellos asumen el riesgo permanente de equivocarse en las opciones que tomen, de causar con ellas grandes males en la población o en los ecosistemas, o lo que es peor, lucrarse personalmente a desmedro del bien público. Las decisiones políticas siempre llevan doble filo y tienen que negociarse bajo presión de intereses y campos de fuerza que luchan por sus propios beneficios. ¿Cómo, entonces, proponer una ética de lo público desconociendo los factores reales que la enrarecen, como si las cosas fuesen únicamente blancas y negras, sin tonos de grises? Como si los gobernantes no viviesen también la incertidumbre moral. Dígase otro tanto de la actividad de los científicos, para quienes la rudeza de sus cavilaciones morales sobre la responsabilidad social de su acción y las manipulaciones que los agentes del Estado y las empresas multinacionales ejercen sobre ellos les resulta muy onerosas en su conciencia, hasta el punto que se protegen con el sofisma de que la ciencia es valorativamente neutra.

Escasean las certezas que anteriormente nos permitían asegurar como "absolutamente" correctas las decisiones morales que deberíamos tomar. Lo único absoluto ahora es que ya no existe doctrina ética alguna con pretensión de absolutez, para llevarnos a puerto seguro a través de las aguas turbulentas de la sociedad contemporánea. La civilización actual de la tecnociencia ha ocasionado el naufragio de las certezas morales sobre las que se apoyaban las religiones históricas y las grandes culturas, las cuales tienen ahora la sensación de navegar a la deriva y las acosa la tentación de recuperar las riendas de antaño, acudiendo al ejercicio de la autoridad, del poder y a todo tipo de integrismos y fanatismos.

Acerca de los valores morales

Jérome Bindé y Jean-Jpseph Goux (2002) organizadores del encuentro de la UNESCO sobre el futuro de los valores, piensan que "La firme creencia filosófica, religiosa o artística en el significado absoluto de la Verdad, del Bien y de la Belleza no sólo se ha cuarteado con la sospecha de la relatividad histórica y cultural de los valores, sino que también se ha tambaleado ante las acometidas de quienes tratan de desmitificarlos, reduciéndolos a un mero atuendo ideológico destinado a ocultar los mecanismos de poder". Los mismos autores dicen: "vivimos en medio de la fugacidad, la obsolescencia acelerada y la veleidad subjetiva, como si los valores más sagrados hubieran perdido todo fundamento y pudiesen introducirse en el mercado de valores mobiliarios para ponerse a oscilar a la alza y a la baja".

Los valores, esos modos simbólicos de lo preferible que articulan a los miembros de una sociedad para interactuar con base en consensos tácitos a favor de proyectos comunes, subyacen en las culturas como patrones dinamizadores de pertenencia e identidad de los individuos con el todo social; y son ellos, los valores, los que estructuran el proceso de socialización en pos de cualificar el mundo de la vida. La sociedad crea y recrea permanentemente representaciones de valores con el objetivo de regular la satisfacción de las necesidades. Estas se presentan al individuo como valores reconocidos que se imponen en la forma de obligaciones y prohibiciones. Mediante ellos, el individuo aprende a distinguir lo que le parece estimable, preferible y lo que debe considerar valioso para sí y para los demás, asumiendo convicciones personales en la toma de decisiones. Es decir, obrando en conciencia.

El proceso de socialización que mencionamos anteriormente responde a las actividades educativas de mediación hacia la adultez que la comunidad moral de pertenencia del individuo ejerce para hacerle partícipe de las ganancias que ha acumulado en el proceso de humanización, vale decir, en acceder a ser mejores seres humanos autoapropiándose de las circunstancias favorables para dirigir la propia historia. Estos procesos (el de socialización y el de humanización) están ligados al discernimiento de las vivencias cotidianas, discernimiento que agudiza el esfuerzo por lograr condiciones nuevas a favor de satisfacer los deseos de lograr una vida buena. Lo preferible y lo rechazable provienen de la experiencia misma de lo que es bueno y de lo que es malo, de lo que coadyuva a la realización del ser humano y de aquello que le puede perjudicar hasta su propia extinción. Así se constituye la experiencia moral como la actitud de vivir en búsqueda de un vivir mejor, huyendo del malestar ocasionado por las vivencias dolorosas y frustrantes de expectativas de calidad de vida. La vida buena es deseable en términos de sentido de la vida, de aquello que marca de significado la existencia, lo que equivale a la felicidad como expectativa última del proyecto de vida inscrito en todo modelo antropológico de cualquier persona y cultura.

En últimas, los valores morales son símbolos espirituales dadores de sentido existencial en el mundo de la vida, y lo son en la medida que propongan metas colectivas inalcanzables y utópicas de vida buena para cada uno de los miembros de la comunidad. La utopía es un componente del valor, dado que para que algo se estime como valioso siempre debe superar las contingencias de lo espaciotemporal y llevar la volición a desear hitos superiores a los que se alcanzan en la cotidianidad. Este aspecto utópico del valor le da un colorido de intemporalidad y le genera la impronta de trascendencia.

Cuando se habla de "sentido", se está haciendo referencia a una direccionalidad asumida conscientemente con pretensiones de futuro; a un rumbo, a la consecución de grandes metas y finalidades para las cuales se disponen los medios más aptos, a sabiendas de que su realización siempre está más acá del deseo, pues el deseo se autodefine como apetencia insaciable. En otras palabras, el sentido no es otra cosa que una opción preferencial por un proyecto de vida, lo que dota de significación cuanto vaya a favor o en contra del proyecto propuesto. Las concepciones de vida varían de sociedad a sociedad, de época a época, lo que genera tensiones dinámicas en la percepción de lo que se considera valioso. Así los valores cambian con el cambio sufrido por la sociedad, son evolutivos como la sociedad misma, pues los valores son constructos sociales y, a su vez, ellos construyen a la sociedad que los originan. Cuando la sociedad construye antivalores o disvalores, está cavando su propia sepultura. Esto ha sucedido con las civilizaciones fenecidas: mesopotámica, egipcia, china, griega, romana, etc.

Por todas partes se habla de "crisis de valores". Se dice que vivimos en "incertidumbre cultural". También se mencionan las palabras "relativismo moral" para referirse al mismo fenómeno contemporáneo de no saberse con seguridad qué es lo bueno, lo malo, lo justo, lo correcto, lo digno, lo adecuado, lo bello y lo que realmente aporta a la felicidad individual y colectiva. Se añora la otrora certeza de la moral fundada en datos revelados, indisolublemente asociados a los dogmas de fe propios de las religiones, cuando fe y moral iban en un mismo predicado trascendente sobre valores eternos en un devenir inmutable. Cuando esas creencias se traducían en manuales de normas rigurosas de conducta, o en pequeñas éticas, en "etiquetas".

Todo el mundo cree saber, con claridad meridiana, qué son los valores morales, a pesar de que el acelerado proceso de globalización nos conduce hacia una inédita aldea planetaria donde tendremos que convivir las culturas y religiones muy disímiles, con valores insospechados y talvez contradictorios. ¿El desconcierto que padecemos ahora, no será un anticipo in crescendo del conflicto macro que viviremos en la aldea global? ¿Podríamos pensar que la turbulencia moral que experimentamos es el precio que debemos pagar por el tipo de desarrollo que hemos asumido, liderado éste por una política y economía que se la juega toda a la tecnociencia sin fronteras? ¿Las alianzas economía-política-tecnociencias serían las culpables del enrarecimiento del mundo de la vida y, en consecuencia, necesitaremos con urgencia construir una nueva ética que se ocupe de "pastorear la vida"? En este caso hablaremos de Bioética.

La mayoría de la gente no hace diferencia entre ética y moral, mientras que otros apelan por una "ética de mínimos" vinculantes para construir la convivencia social en un mundo cada vez más pluralista y globalizado y dejan ad libitum la "ética de máximos" para quienes tengan preferencias religiosas, étnicas, políticas y culturales. Un valor hilvanante de las éticas en mención tendrá que ser la tolerancia. Pero, ¿qué se entiende por tolerancia? ¿Se trata de asumir como tolerancia una actitud permisiva de todas las conductas, aún de aquellas antagónicas? ¿Permisividad al estilo de la lucha libre, donde todo vale? ¿Se le puede achacar a la tolerancia la crisis de valores actuales o, precisamente, la crisis se debe a falta de tolerancia? ¿Es la tolerancia un valor cerrado en sí mismo, o se trata de un valor de mediación hacia otros valores superiores, como sería la justicia, la paz, la convivencia?

Acerca de la dinámica del cambio en las realidades biológicas. Su inferencia social

Todo cambia y aceleradamente. Todo fluye, hasta los genes, según los datos de la genética moderna, porque no de otra manera se puede explicar la existencia de la selección natural y la megadiversidad biológica. La naturaleza ha tenido el encargo de que las cosas sean así. Cada organismo tiene su propio borde que lo relaciona aleatoriamente con el entorno, lo que equivale a su propio caos, a través del cual alimenta su autoorganización y mantiene alerta sus estructuras disipativas que le otorgan "aprendizaje" de las experiencias, capacidad de cambio adaptativo y emergencias hacia condiciones de mayor complejidad biológica y comportamental. El proceso evolutivo biológico siempre crece en complejidad y apunta hacia la novedad, porque es creativo a la vez que aleatorio, y autoorganizativo a la vez que selectivo.

En consecuencia, lo único permanente es el cambio, a la mejor manera de la propuesta filosófica de Heráclito, no muy tenida en cuenta por la filosofía moral dominante en Occidente durante centurias, hasta el advenimiento de la Modernidad con la filosofía positivista instaurada por Francis Bacon que dio origen al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Nos resistimos al cambio porque nos trae inseguridad, riesgo, temores, ansiedad y posibles frustraciones por exposición a lo ignoto. Le tememos al cambio por el componente caótico que comporta, por el borde inestable de una situación conocida y la nueva por conocer, y nos cuesta dificultad entender que el nuevo orden surge del caos; más aún, nos aterra pensar que somos caos y que el caos es un tipo de orden. Nos sumimos en incertidumbre acerca de lo que nos pueda suceder y para lo cual no sentimos que estemos preparados, puesto que nuestras estructuras morales han tenido demasiada influencia filosófica de Parménides en la configuración de jerarquías de valores morales con pretensión de permanencia e inmutabilidad en razón de un ficto ontológico, siendo los valores como hemos dicho, no otra cosa que constructos sociales con los cuales la comunidad se autoconstruye y evoluciona, a la vez que los valores evolucionan también con la evolución de la comunidad que los origina.

Así como los organismos "anticipan" de alguna manera el futuro para prepararse a los cambios y ajustan su propio comportamiento a lo que esperan encontrar en el entorno, de lo contrario perecerán, los valores morales correctos asumen en las poblaciones humanas esa misma función anticipatoria de información para la sobrevivencia. Los valores no correctos conducen al deterioro y muerte de una sociedad, lo que vale decir aquellos "no anticipatorios", "no evolutivos", "no flexibles", "no abiertos a la diversidad y al pluralismo", "no tolerantes de la diferencia", "no propiciadores de estructuras disipativas sociales que se entrelacen con otras en complejidad creciente", "no conducentes al encuentro de equilibrios dinámicos de justicia social", "no productores de satisfactores de bienestar y felicidad en la amplia gama de preferencias de sentido existencial", en síntesis, esos valores no correctos serán antivalores.

Al igual que los organismos naturales avizoran el inmediato futuro con procesos diacrónicos y sincrónicos que les permite percibir y emitir información para su actividad homeostática, de manera cibernética, lo que constituye la conciencia refleja, los individuos de la comunidad humana también se organizan en función de retroalimentar información, en procesos crecientes de complejidad que constituyen un "estar alertas", un estar conscientes en el presente acerca de posibilidades futuras para responder adecuadamente ante los estímulos ambientales y sociales.

Los seres humanos sobresalimos en adquisición de información y en versatilidad para procesarla, lo cual aumenta nuestra capacidad adaptativa hasta el estadio de dominio sobre las demás especies y adaptación del entorno a nuestras necesidades. Del antiguo aforismo darwiniano de "supervivencia del más apto" pasamos al de "supervivencia del mejor informado", lo cual nos otorga mayor control de la entropía por el aumento de información retroalimentaria. Es así como los seres humanos agregamos complejidad informativa a los diferentes gradientes de conciencia refleja que compartimos con todos los demás organismos de la biota, accediendo a la emergencia de la conciencia intencional generadora de cultura, que simultáneamente es conocimiento abstracto, útil y relacionado con posibilidades optativas en función de lo que se considere correcto o incorrecto, justo o injusto, bueno o malo, lícito o ilícito, conveniente o inconveniente, necesario o innecesario, oportuno o inoportuno, estético o antiestético... Es en el estadio de la conciencia intencional donde reposan la voluntad, la racionalidad y la libertad que dotan a lo humano de dignidad por constituir la esencia de la dinámica espiritual.

Acerca de la episteme moral de la tecnociencia

A favor de los cambios acelerados y turbulentos viene el desarrollo vertiginoso de la tecnociencia que corre cada vez más las fronteras del conocimiento codificado como información útil que da vida a los cambios y vive de ellos, generando la "Sociedad del Conocimiento", también llamada "Sociedad del Riesgo". Esta sociedad construye su propia cosmovisión, su mundo simbólico, a modo de entramado de conocimientos teórico-prácticos, técnicos y artísticos con los que resuelve sus problemas en búsqueda de vida buena para todos, supuestamente ética y estética al mismo tiempo. "Creamos símbolos para comunicar nuestro ser en el mundo y diseñamos técnicas que perpetúan el bienestar. Somos tanto artistas como técnicos y estos dos aspectos de la vida han disfrutado siempre de una relación de simbiosis, un tanto ambigua a veces, eso sí. Pero las nuevas tecnologías están difuminando la distinción entre arte y técnica". Como también la distinción entre ciencia y tecnología.

En la actualidad, los conocimientos se articulan en sistemas y subsistemas simbólicos de información especializada sólo para expertos, a los cuales la comunidad se remite para darse explicaciones y justificar sus acciones. Además del conocimiento especializado, la estructura societal también genera información de menor cuantía que socializa a través de los medios masivos de comunicación, a favor de tender un puente político entre los expertos y el vulgo, lo que aparenta satisfacer la necesidad de autonomía de los individuos para la toma de decisiones particulares, las cuales terminan siendo direccionadas por el gobierno de los mejor informados, de los que ostentan el poder, de una aristocracia devenida en tecnocracia.

Como resultado de lo anterior, surge un ambiente moral que tiende hacia la progresiva "disolución" del sujeto en innumerables roles de la compleja vida urbana contemporánea, a modo de una escalada creciente de subestructuras mediáticas en el ejercicio de la libertad y la autonomía. Todo ello enrarece el clima de la subjetividad y da lugar a mayor incertidumbre cultural, pues trae consigo la vanalización de la persona al desarraigarla de sus propias decisiones y llevarla a un mundo de frivolidad existencial. Un mundo de contingencias que agotan al sujeto en la inmediatez de pequeñas decisiones cambiantes y circunstanciales, sin compromisos radicales de futuro, pues sospecha de que el futuro es tan incierto que no le pertenece y solamente puede contar con el fugaz momento y las oportunidades que le ofrece. Es un volver al poeta latino, Virgilio, con su "carpe diem", que podríamos interpretar como "vive el momento", "vive a la moda", "sácale jugo a la vida", "goza lo que tienes" porque no sabes si habrá un mañana y si se te darán nuevas oportunidades. Así se justifica una vida "ligth", ligera también en los valores morales. ¿Qué sentido puede tener la vida humana si se le lleva al vaivén de lo efímero, de lo fugaz, de lo lúdico, de lo emocional e inmediatista?

Glosando un poco a Jeremy Rifkin, diríamos que "Hoy, 'tener conocimientos' y 'estar informado' han venido a significar prácticamente lo mismo. Esta es una revolución en la historia de la conciencia. Al cambiar el significado del conocimiento de manera que 'saber' sea equivalente a 'estar informado' lo saturamos de transitoriedad, de tiempo banal, de circunstancialidad, de aconteceres episódicos que transcurren tan aceleradamente que se hace difícil una justa valoración moral de los mismos y queda la impresión de que todo vale igual o que no vale la pena preocuparse por lo transitorio. Más aún, se va abriendo paso hacer la diferencia entre "preocuparse" por algo y "ocuparse" de algo, lo que desde el punto de vista moral nos alivia de sentimientos de culpa por apertura y laxitud de conciencia. La vida va apareciendo menos seria y más lúdica, menos dolorosa y más hedonista, menos realista y más virtual. Es así como 'estar informado' significa ser consciente de unas circunstancias cambiantes. Estar informado requiere de actualización constante. Es un proceso en marcha de anticipación y acomodación a los cambios que se producen en el entorno. Tener conocimientos hoy es captar continuamente los cambios que se suceden alrededor de nosotros y poder adaptarse a ellos como corresponda. El conocimiento, en el nuevo orden de cosas, no se ve ya como un descubrimiento de hechos sino más bien como un proceso creativo en marcha".

La sociedad contemporánea está jalonada por el conocimiento útil, creativo y relacionado con todos los sistemas simbólicos de información que den lugar a una estructura dinámica que promueva obtener beneficios pragmáticos, empíricos, mensurables y calificables con categorías económicas de eficiencia, eficacia y valor de intercambio comercial. Internet es el mejor ejemplo de dicha estructura. Este tipo de Sociedad del Conocimiento promueve realizar inversiones cuantiosas y constantes en educación para quienes decidan ser sus líderes y propietarios, de lo contrario se padecerá la condición de ser uno más de la gran masa de empobrecidos usuarios y lacayos de la gestión realizada por el puñado de privilegiados que accedieron oportunamente al conocimiento útil y relacionado con todos los demás conocimientos que pretenden hacer un aporte a la calidad de vida. Hay que tener en cuenta que el concepto de calidad de vida tiene aspectos objetivos y subjetivos; por consiguiente, no es posible universalizar satisfactores de calidad de vida, aunque sí es deseable ofrecer oportunidades para la libre elección de las personas, de acuerdo con sus valores culturales, religiosos y necesidades vitales concretas (alimentación, salud, vivienda, educación...).

Pero, paradójicamente, cuanto mayor sea el desarrollo del conocimiento tecnocientífico que otorga gran poder al hombre sobre el mundo y sobre sí mismo con fines benéficos, tanto mayor será también el riesgo de causar macrodaños irreversibles al mundo y al mismo ser humano. Todo esto produce incertidumbre cultural por enrarecimiento de las costumbres, las cuales quedan a merced de las novedades tecnocientíficas en la Sociedad del Conocimiento, con sus respectivos riesgos. Podríamos decir, inspirados en Jean Ladrière, que los desarrollos científicos y tecnológicos penetran hasta los tuétanos los valores morales y culturales de la sociedad y desestabilizan sus seguridades.

Jeremy Rifkin concluye su libro "El siglo de la biotecnología" diciendo: "La revolución biotecnológica influirá en todos los ámbitos de nuestras vidas. Qué comemos; con quién salimos y nos casamos; cómo tenemos a nuestros hijos; cómo se los cría y educa; en qué trabajamos; cómo participamos políticamente; cómo expresamos nuestra fe; cómo percibimos el mundo que nos rodea y el lugar que ocupamos en él: las nuevas técnicas del siglo de la biotecnología afectarán a todas nuestras realidades, individuales o compartidas. Qué duda cabe que técnicas tan personales merecen que el público en general hable y debata de ellas antes de que se conviertan en parte de nuestras vidas diarias. La revolución biotecnológica nos obligará a todos a poner un espejo ante los valores que más apreciamos, y a ponderar la pregunta final sobre el fin y el significado de la existencia. Puede que esta sea la contribución más importante de esa revolución. El resto es cosa nuestra".

En esta perspectiva de cambios profundos en la manera de sentir, de pensar y de experimentar la vida, la incertidumbre moral es una constante que desinstala todas nuestras habituales seguridades ante el "nacimiento de un mundo feliz" prometido subrepticiamente por las biotecnologías. Pero, al convertirse la incertidumbre en una constante, ésta termina por ser un nuevo tipo de certeza con la cual tendremos que convivir: la inseguridad se torna entonces en una especie de seguridad y el riesgo en un estilo de vida que trae consigo nuevas oportunidades, superiores ellas a las posibles pérdidas. Así es como se organiza la vida natural, a través de constantes desorganizaciones porque la vida no es, sino que deviene y permanece siempre inacabada e indeterminada, de lo cual sabe muy bien la bioingeniería y a eso aplica sus esfuerzos economizando tiempo y azar a los procesos evolutivos naturales. "La vida es una clase de comportamiento, no una clase de materia y en cuanto tal, está constituida por comportamientos más elementales, no por materiales más simples".

Estamos habituados a ver la vida en su estado actual no como proceso coyuntural, no como algo que cambia permanentemente, sino como algo acabado, como algo que ya es así y que no puede ser de otro modo, porque nuestro ojos solamente observan los fenotipos pero no los genotipos con sus inestabilidades permanentes y adaptativas a nuevas condiciones propiciadoras de estructuras y funciones emergentes.

Lo permanente es el cambio, y si lo es en el mundo natural también lo será en el social. Por consiguiente, de acuerdo con la nueva cosmología, la bioingeniería no sería vista como algo artificialmente impuesto o contradictorio con la naturaleza, sino como algo que comparte su lógica de complejidad creciente y la hace más económica, contando con su propia incertidumbre inherente a los procesos. En otras palabras, la Sociedad del Conocimiento se apropia de los datos de las ciencias de la vida y con ellos empuja la vida social hasta convencerla progresivamente que los artificios biotecnológicos son sus mejores aliados y son lo más natural; por consiguiente, sería un error oponerse y dar coses contra la lógica de las biotecnologías.

Acerca de los campos de acción de la ingeniería genética y su impacto en la moralidad

Desde esta perspectiva, los alimentos vegetales transgénicos y sus derivados constituyen una de las líneas de fuerza más poderosa de las ofertas biotecnológicas contemporáneas, puesto que la nutrición está en la base misma de nuestras necesidades primarias y urgentes de supervivencia. Los transgénicos ya son cultivados en 40 millones de hectáreas y penetran ellos mismos, o sus derivados, a nuestras dietas alimenticias sin ninguna advertencia a los consumidores, pues sus productores y comerciantes presumen que dichos alimentos van con la lógica de la vida y por eso se niegan a etiquetarlos como tales al venderlos en los supermercados. Presumen también que es la manera inteligente de resolver problemas urgentes de hambre, de desnutrición, de mala distribución mundial de alimentos y de ayudarle a la naturaleza a obviar sus precariedades propias y las causadas por errores humanos. En otras palabras, es la contribución que los hombres e instituciones que están detrás de las biotecnologías prestan al bien de la humanidad y de la naturaleza.

Una de las cuestiones morales que se plantean actualmente es la relativa a la adopción y la aceptación de alimentos hechos con organismos genéticamente modificados. Al respecto, la biotecnología moderna puede aprender de las diferencias en la aceptabilidad de otros alimentos en todo el mundo. La elección personal en materia de comida no es sólo una cuestión de precio o de gusto. Por ejemplo, se puede ser vegetariano por motivos morales, religiosos o dietéticos. Los tabúes religiosos del budismo o del hinduismo con respecto a comer carne han influido en las prácticas agrícolas, al igual que lo ha hecho la prohibición de comer cerdo en el islamismo y el judaísmo.

Independientemente de la diversidad moral y religiosa de casi todas las sociedades, los hábitos alimentarios generales no se suelen mantener con prohibiciones jurídicas. Es más bien el consumidor quien, al elegir, incide en la disponibilidad de alimentos del mercado. Los cambios recientes en la dieta, por motivos de salud o personales, de índole moral, han hecho que se adoptara el vegetarianismo en sociedades sin tales tradiciones religiosas.

Además de vegetales transgénicos, la ingeniería genética interviene los genomas de microorganismos y animales para introducirlos al consumo nutricional, médico e industrial, bajo el supuesto de que no hacen daño alguno a la salud humana y del ambiente. Pero no todas las personas y países piensan así. A diferencia de la sociedad norteamericana tan permisiva, la comunidad europea cuestiona radicalmente la bondad de los alimentos modificados genéticamente y, mientras las circunstancias no sean obligantes, prefieren la comida natural y libre de productos químicos en sus cultivos y conservación. Los europeos han calificado despectivamente como "alimentos Frankenstein" a todos aquellos que presentan manipulaciones artificiosas en sus genomas. Aunque han sido muchas las "calumnias", desinformación y suspicacias en contra de los organismos genéticamente modificados, sin embargo no quedan del todo libres de sospechas éticas dichos productos alimenticios, biomédicos e industriales.

Existe un enfrentamiento entre las propuestas de las ingenierías genéticas y los modos ancestrales de pensar, de sentir y de vivir la vida en la variopinta gama cultural y religiosa, todo lo cual tiene un trasfondo moral. Recordemos que la ética es la moral pensada y la moral es la ética vivida. El mundo simbólico de las culturas y religiones se aferra tradicionalmente a las seguridades que le aportan las facticidades de la realidad de su entorno, de ver la vida tal como aparece, como si ya estuviese acabada y perfecta, como si siempre hubiese sido así como es ahora, como si fuese sacrilegio intervenir la vida y modificarla; mientras que el mundo simbólico de la tecnociencia es proactivo y juega su suerte a las posibilidades de futuro, calculando los riesgos con análisis de costo-beneficio económico, aunque muchas veces soslayando el costo-beneficio social ordenado en función de lo justo y equitativo como horizonte mismo de los Derechos Humanos.

Los valores promovidos por la tecnociencia ofrecen la apariencia de ser superiores a los que las culturas y las religiones han promovido tradicionalmente para solucionar los problemas que aquejan desde siempre al ser humano: enfermedades, hambre, muerte, escasez de vivienda, vestido precario, desprotección ante las hostilidades ambientales, insuficiencias para la crianza y educación de los hijos, inseguridad ante el futuro, guerras y desolación...; en síntesis, confrontaciones entre el hombre y la naturaleza que le es adversa, y lo que es peor, descontento del hombre con su propia naturaleza humana porque la encuentra caduca, frágil y enfermiza.

El hombre, y más el de la tecnociencia, se antoja de eternidad con juventud y felicidad inacabables, para lo cual lucha con su inteligencia creativa y todas sus fuerzas puestas en las tecnociencias. El ser humano contemporáneo va tras lo posible, razón por la cual condiciona su ética a las ganancias que pueda conquistar así tenga riesgos su aventura. De esta manera, se va abriendo paso el nuevo criterio tan discutido de que lo que sea tecnocientíficamente posible también lo será éticamente. Esto significa que las tecnociencias, y concretamente una de ellas, las biotecnologías, están en búsqueda de nuevos postulados éticos para su acción que sean de corte proactivo más que reactivo, más futuristas y liberales que tradicionalistas, más optimistas que pesimistas, menos dogmáticos y más racionales, y con discursos que articulen armónicamente los saberes científicos con los humanistas pues se encuentran actualmente disociados.

Los valores promovidos por la tecnociencia adquieren prestigio y reconocimiento social cuando acceden a convertirse en ingenieros y arquitectos de una sociedad justa, cumpliendo la promesa de resolver pragmáticamente las angustias humanas en su afán de supervivencia y búsqueda de calidad de vida. A cada necesidad, la tecnociencia oferta uno o varios satisfactores y lo hace con talante autosuficiente, pues sus promesas están mediadas por postulados científicos de racionalidad, cálculo de probabilidades, previsión y control de las consecuencias, economía, eficiencia, eficacia, repetibilidad, producción industrial a gran escala y pretensión de universalidad en sus beneficios.

Por ejemplo, con base en los criterios anteriores, la biomedicina se ocupa del cuidado planificado de la salud humana y de combatir a la muerte con los más sofisticados recursos de los medios diagnósticos, inmunología, farmacopea, cirugía, nutrición e higiene. La ingeniería genética viene a la producción de más y mejores alimentos vegetales y animales de tipo transgénico, como también a dotar a la industria con nuevos recursos bioenergéticos e insumos para la fabricación de bienes y servicios. La telemática asume la tarea de aumentar ad infinitum la capacidad de producción de inteligencia artificial y de conocimiento útil codificado simbólicamente como información y almacenamiento de la misma, cualificando así las neuronas humanas y los órganos de los sentidos para llegar hasta las intimidades del cosmos, del átomo y de la molécula de la vida. Con la tecnociencia, el ser humano se empodera de la naturaleza y de sí mismo, -¡lo que es bueno!- porque fortalece su libertad como nunca antes lo había logrado civilización alguna y toma conciencia de determinar qué desea hacer del mundo y de sí mismo supuestamente para bien de ambos.

En este estadio prometéico de conocimiento avanzado y liberador de la humanidad aparecen nuevos dilemas morales. Al contrario del modelo filosófico puesto en escena por la tragedia griega, parece entonces que con la tecnociencia el destino pierde fatalidad y se transforma en autodeterminación, sin posibilidad alguna de que el hombre transfiera a los dioses sus sentimientos de culpa por su mala conducta, como tampoco que continúe dependiendo de los dioses el bienestar humano. La historia no quedaría a merced del azar sino que se convertiría en un constructo social deliberado, en gestiones colectivas de lo público asumidas como proyectos macro de desarrollo, donde las responsabilidades individuales se desdibujan y pierden su connotación moral por pasar a manos del Estado. Las mismas instituciones públicas van siendo manipuladas por los intereses económicos y políticos de las organizaciones privadas multinacionales, propietarias y mercaderes que son de las tecnociencias, lo cual genera nuevos colonialismos internacionales y corrupciones del poder. A expensas de todo lo anterior se vulneran derechos individuales, se deteriora la autonomía ganada lentamente durante centurias, se diluye la responsabilidad personal y se lesiona severamente la integridad del sujeto hasta amenazarlo de progresiva disolución. En otras palabras, el bienestar ofrecido por la tecnociencia es paradójicamente una pérdida de sentido existencial y una dolencia de deterioro moral de la humanidad.

Podríamos advertir que la tecnociencia desde dentro de sí misma es incapaz de darse sentido y de dotar del mismo a sus gestores. Y así es, porque desde una perspectiva epistemológica su objetividad no permite captar en profundidad la "cuestión humana". Hoy en día todos convergemos en considerar que la ciencia y la técnica no son algo moralmente neutro, sino que, como actividades dependientes de la libertad humana, exigen de los científicos y de sus gestores políticos una responsabilidad ética. La ciencia y la técnica sin la ética corren el grave riesgo de llevar al hombre a donde no quiere ir. Hoy más que nunca no debemos olvidar que el sentido último del trabajo científico es el servicio al hombre y a la humanidad en comunión con el ambiente, y que la justificación de toda transformación operada a través de la tecnociencia está en función de ese fin.

Para dotar de sentido el desarrollo humano y superar muchas incertidumbres que lo llenan de dolor existencial, es necesario construir vasos comunicantes entre las disciplinas que aportan conocimiento y comprensión de la vida humana -¡hoy todas ellas en movimiento centrífugo!- y velar por un humanismo científico integrador que privilegie el cuidado y protección de la vida como imperativo ético. La comunidad humana universal reclama un movimiento centrípeto hacia la ética, para reivindicar su dignidad.

En tratándose de preocupaciones éticas que atañen al fenómeno de la vida, viene en auxilio del discernimiento moral la Bioética, como nueva ética que mete sus pies en los mismos zapatos que calzan los científicos para acompañarlos sapiencialmente en las decisiones que afectan el mundo de los valores morales, como también en los zapatos de los políticos para que orienten con responsabilidad el desarrollo de la tecnociencia, preocupándose simultáneamente de la ética de fines, de medios y de consecuencias.

A decir del Dr. Potter, padre de la Bioética, urge establecer el diálogo fecundante entre las ciencias y las humanidades para que el desarrollo tecnocientífico se haga con sabiduría. La sabiduría, para Potter, es el conocimiento que se requiere para aplicar correctamente el conocimiento. En otras palabras, para que la ciencia se haga con conciencia, para bien del hombre y de su casa terrenal. La sabiduría es un tipo de conocimiento práctico, acrisolado en la experiencia de la vida propia y ganado por consenso en la comunidad moral de pertenencia; supone el ejercicio de la razón y la elección deliberada; llena un espacio en el acervo de la memoria colectiva en cuanto que ha probado con suficiencia histórica su utilidad para la supervivencia de la especie; significa, en últimas, tener 'vista' para encontrar soluciones a los dilemas, lo que demanda mantenerse ejercitado en hábitos correctos y en continua comunicación con las situaciones prácticas que resuelven acertadamente los dilemas morales.

La Bioética hace su presencia en los escenarios del conocimiento útil relacionado con el ethos vital, donde lo individual y lo público no siempre van de la mano por la carga creciente de intereses opuestos que preñan la cultura de incertidumbre moral, intereses que comportan todo tipo de dilemas en torno a lo que es correcto, bueno y justo. "La Bioética constituye hoy un territorio para la reflexión sobre las implicaciones de la investigación en ingeniería genética, una encrucijada de disciplinas que reclaman una participación multidisciplinar y plural. Y sería un error considerar este territorio como exclusivo de los 'especialistas', sean ellos los científicos o los expertos de los comités de bioética. La bioética debe tener una dimensión eminentemente pública, debe ser el foro preferente desde donde se ejerza el control social sobre la innovación en todas las disciplinas que afecten al proceso de la vida y trabajen con seres vivos".

Tenemos que agradecerle a los científicos y tecnólogos todas las cosas maravillosas que hacen a favor de la humanidad. Estoy por la tecnociencia, creo que es una de las cosas más maravillosas que la inteligencia humana ha estado produciendo y producirá; estoy con ella y pido que la hagamos con conciencia, buscando cómo hacer las cosas bien, con responsabilidad, por ensayo y error, como es todo proceso humano. Es cierto que las tecnociencias comportan riesgos, pero no hay que llenarse de temores sino abordarlos con criterio ético y esperanzador.

Acerca de la autoconciencia como adultez bioética para la toma de decisiones

Ante la incertidumbre moral dispersa por toda la cultura contemporánea, disponer de reglas claras y minuciosas para obrar correctamente quizás no sea ni posible ni deseable. Es preferible poner el esfuerzo en actividades educativas a la juventud y de educación continuada para quienes ya debemos responder éticamente por decisiones personales y colectivas. Se trata de educarnos y de educar para la autonomía, en el gran horizonte de la libertad-relacionada, lo que vale decir: formar la conciencia de responsabilidad, con suficiente y oportuna ilustración científica y humanística, que nos permita hacer juicios ponderados de valor moral y obrar de conformidad. La Bioética tiene la tarea de hacernos crecer en el ejercicio de la libertad a favor del cuidado solícito del ethos vital.

Es fácil formular la "Regla de oro": hacer el bien y evitar el mal. Esta regla de oro se yergue como horizonte e ideal bioético, pero no sirve de nada si no se le aterriza en prescripciones orientadoras de la reflexión moral que permitan actuar con libertad y responsabilidad en la línea de la "autodeterminación". Ciertamente es muy difícil concretar y lograr consensos universalizables que comprometan a todas las voluntades para generar conductas homólogas. La búsqueda de una moral objetiva, normativa, exigible milimétricamente a todos los seres humanos no pasa de ser una ilusión importada del imaginario matemático, y un deseo siempre frustrado de quienes tienen miedo a su propia libertad y prefieren proteger su conciencia cumpliendo órdenes ajenas sin ningún razonamiento crítico. Este tipo de proceder no lo podríamos llamar ético, porque huye de la autoconciencia que es exigente de formación ilustrada rigurosa, de capacidad de riesgo ponderado en la toma de decisiones y de asumir responsablemente las consecuencias de la acción.

Obrar de manera heteroconciente apunta más a una conducta infantil que adulta, pues se atiene a lo mandado como verdadero, a los argumentos de autoridad como lo infalible, a lo institucional como lo más seguro, a lo legal como igual a justo y a la norma como siempre lo correcto. Quien actúa por heteroconciencia evade asumir las riendas de su propia vida y hace responsable a otro de sus propias equivocaciones, pues se protege diciendo que fueron cometidas cumpliendo órdenes, o cumpliendo códigos deontológicos, u ordenanzas legales, con lo cual se alivia de sentimientos de culpa. Es así como los códigos éticos y las prescripciones legales pueden servir de mampara a ciertos espíritus pusilánimes o a quienes tienen la intención de burlar lo prescrito. Por consiguiente, la Bioética es una invitación a la autoconciencia y a la autodeterminación, como propuestas de excelencia moral para afrontar las incertidumbres y dilemas éticos de la cultura postmoderna tecnocientífica.


 

LA BIOETICA UN CONCEPTO SUBJETIVO QUE DEPENDE DIRECTAMENTA DE LAS CONDICIONES, CULTURALES ,CIENTIFICAS Y ECONOMICAS DE UN PUEBLO.
Por: Carlos A Guerrero F. MD, MSc, PhD. Profesor asociado Facultad de Medicina/Instituto de Biotecnología, Universidad Nacional de Colombia

Vover al principio

La forma como los hombres producen sus medios de vida, como realizan sus actividades, como desarrollan la ciencia y la tecnología, la moral que posean, la religión que profesen, la metafísica que tengan y cualquier otra ideología que posean y las formas de conciencia que a ellas corresponden dependen directamente del grado de desarrollo de las relaciones de producción, es decir, de lo que producen y de cómo lo producen. De esta manera lo que los individuos en una sociedad son depende del grado de desarrollo de su producción. Durante las diferentes formas de producción de las sociedades primitivas adorar a la luna, al sol o los planetas era lo aceptado moralmente, tanto que se consideraba como la religión oficial de esos pueblos. En el esclavismo se desarrolló una cultura que justificaba las divisiones sociales en amos, esclavos y plebeyos. Igualmente, el feudalismo desarrolló su propia cultura e incluyó la inquisición como una forma de oponerse a la cultura naciente de la sociedad burguesa. Esta última, incitaba a sus intelectuales a asaltar los cementerios y aprender anatomía evaluando directamente cadáveres humanos, alentaba la anatomía comparada y la taxonomía, entre otras, mientras el poder feudal con la inquisición acusaba de practicante de brujería a todo aquel que se relacionara con animales o los estudiara. Dicho poder feudal institucionalizó quemar los gatos por su relación con los demonios. La historia señala cómo esta conducta, sumada a las condiciones de vida, dadas por el desarrollo de la producción de la época, contribuyó a la epidemia de la peste. Al quemar los gatos proliferaron las ratas y con estas las pulgas trasmisoras de la Yersinia pestis. Bajo la inquisición desterraron a Copernico, pretendieron acallar lo expuesto por Galileo y quemaron a Geordano Bruno. A nombre de la moral y del dios de su religión imponían una manera particular de ver el mundo, oponiéndose, opacando y acallando todo esbozo de ciencia que atentara contra su poder.
Cuando la burguesía llega al poder se da cuenta que es indispensable apropiarse de los conocimientos esenciales que permitan impulsar la industria y la agricultura. Su esencia es liberal, derribando activa y pasivamente la ideología feudal, atrás queda la inquisición, la brujería y la adoración del cosmos. Estas ciencias quedan relegadas a los sectores donde el modo de producción capitalista no llega. Lo nuevo es estudiar la naturaleza, desarrollar la tecnología que permita explotarla empleando el menor número de personas y la máxima eficiencia. El desarrollo y el mantenimiento de los medios modernos requiere mano de obra calificada, para lo cual impulsa la creación de universidades con numerosas carreras tecnológicas. Igualmente masifica el consumo y lo mantiene activo al desarrollar medios eficientes de comunicación masiva.
Sin embargo, a pesar de estar en un sistema económico distinto al de la edad media, de un tiempo para acá se insiste en la ética y la moral de la ciencia. Para resaltar la importancia del tema se mencionan actos y actitudes indebidas de ciertos científicos. Se insiste que los científicos no pueden ser dioses con libertad de crear o manipular la vida, se recalca de paso el sufrimiento que se le aplica a los animales en el laboratorio, todo para justificar la creación de leyes que controlen las actividades de los científicos. Qué de verdad hay en todo esto?. Cómo explicar el resurgir de actitudes propias de la edad media ? La única diferencia está en que actualmente actividades como la manipulación del genoma, el trasplante de cerebro o la creación de úteros artificiales no se tildan de brujería sino de antiéticas. Qué parámetros se esgrimen hoy en día en la discusión?. Existe un solo lenguaje o las distintas posiciones dentro de la discusión son un reflejo de los intereses que se esconden en cada uno de los sectores en conflicto ?. A quien le sirve controlar la ciencia y las actividades de los científicos?.
Cualquier análisis que se haga debe partir de la realidad económica del mundo actual, destacándose la denominada globalización o apertura económica. No es casual que las leyes mas retardatarias que atentan contra el desarrollo de la ciencia se dicten primero en los Estados Unidos. Se cree que las leyes que prohíben los estudios en lo relacionado con la clonación, el trasplante de cerebro, el útero artificial o la manipulación de las células madre embrionarias se dictan porque en la cúpula del poder norteamericano existen fanáticos religiosos que ven en estos temas un atentado a sus creencias. Al respecto, recordemos que las ideas de la clase dominante son las ideas imperantes en cada época. Es decir, la clase que ejerce el poder dominante en la sociedad, ejerce simultáneamente su poder cultural e intelectual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción cultural e intelectual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para imponer las suyas. Los individuos que forman la clase dominante tienen conciencia de ello y piensan a tono con ello y como pensadores, como productores de sus ideas, regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo para que sean las ideas dominantes de la época.
La crisis por la que el mundo capitalista, en especial Estados Unidos y los países desarrollados es por la superproducción, mientras la crisis de los países subdesarrollados es el estancamiento de la producción. Para los imperios lo prioritario es aumentar el consumo así sea arrasando economías incipientes en los países atrasados; nos obligan a abrir las fronteras aunque cierren las suyas argumentando que no cumplimos con las normas de seguridad ecológicas o salubres o que nuestros procedimientos atentan contra la estabilidad ecológica del planeta, por ejemplo, al utilizar ciertas redes para pesca. Con esto ocultan que han sido y son los principales deforestadores, que arruinan recursos marinos propios y de otros países, que son los principales contaminadores del mundo. De otro lado, hasta con descaro, se niegan a firmar resoluciones que insinúen poner fin al saqueo indiscriminado de los recursos naturales.
Poco o ningún interés se muestra para reducir el uso del petróleo como fuente energética principal, así esté causando un efecto invernadero en el planeta. Mientras la reserva petrolera sea suficiente para mantener el sistema económico actual se recurre a la invasión o al sometimiento a países inermes previo escarnio público de ser terroristas. Lo que importa es controlar el mercado y expropiar las reservas energéticas a nombre de la paz.
A nombre de la moral y de la ética se cuestiona la clonación, la manipulación de los genomas, el uso de las células embrionarias y todos aquellos eventos que llevan a conocer cómo los genes se expresan para generar la vida. Se dice que manipular la vida es solo potestad de dios. Que es arrogancia científica pretender descifrar el origen de la vida, el desarrollo y la muerte. Pero ven fantasmas donde no existen. Se creyó que los científicos están a las puertas de crear monstruos, superhombres y modificar los humanos y los animales quizá por el hecho de consolidar la técnica de clonación y conocer la secuencia del genoma humano y de otros organismos. Hay que resaltar al respecto que estamos lejos de tales proesas. La clonación trae más preguntas que efectos prácticos inmediatos. Desde tiempos remotos se sabe que la consanguinidad permite la expresión de defectos genéticos y la susceptibilidad a enfermedades. En la clonación los individuos son exactos a uno de los padres perdiéndose la variabilidad que se da por recombinación en las células gonadales y la reproducción sexual normal. Si la clonación se hace masiva, se pierde la variabilidad genética y todos los individuos, al poseer características similares, se hacen susceptibles a las mismas infecciones y enfermedades. Si la clonación se extendiese como práctica rutinaria que remplace la reproducción se llevaría a una especie a límites susceptibles de extinción. Hay suficiente conocimiento científico que permite afirmar que el futuro de cualquier especie se basa en mantener la diversidad genómica. Esto lo saben los imperios desde hace tiempo y por esto incluyeron en sus programas el apropiamiento de semillas de plantas y esperma de animales de todo el planeta, en lo conocido como germoplasma. De otro lado, sería iluso pensar que al clonar individuos también se clonan las ideas. En este sentido se puede clonar a un líder político o científico pero no es posible saber si los clones van a tener siquiera las mismas aficiones intelectuales pues solo se puede clonar la información genética pero no la cultural. Es una burda tergiversación del logro científico. Es decir, no se clona una manera de pensar, solo se clonan genes. En conclusión, la clonación no puede suplantar a la reproducción normal de los individuos, pero como técnica puede contribuir a generar conocimientos biológicos esenciales desconocidos hoy. También permite obtener células embrionarias o células madre y potencialmente a partir de estas células obtener órganos.
De otro lado estamos lejos de crear vida con solo conocer la secuencia del genoma. El abismo está en que no sabemos el orden cronológico en que se expresan los genes, la Inter-relación entre la bioquímica y la genética, es decir entre lo interno y lo externo al genoma, incluido el medio ambiente. Tampoco conocemos la trascendencia de la ubicación espacial de los genes dentro del genoma, ni conocemos todos los mecanismos de regulación epigenética que permiten generar diversidad en la función de un gen. Al comparar la secuencia del genoma humano y de otros organismos se puede afirmar que no existe duda alguna que la vida evolucionó de un ancestro común. Esta afirmación es tan contundente que la mayoría de las religiones ya aceptaron oficialmente la evolución como una verdad. Ningún científico serio cuestiona la teoría de la evolución, ningún estudioso de la biología puede entender cómo la maquinaria molecular inmersa en los genes es común en todos los organismos sin recurrir al concepto de evolución. El conocimiento que tenemos de la evolución molecular del hombre permite afirmar que el padre del hombre moderno se originó en Africa y fue de color negro. Se ha hecho el mapa genético del recorrido del hombre hasta volverse blanco. Este conocimiento se opone con fuerza al racismo, la xenofobia y todo aquello que esgrimen los diferentes regímenes políticos para justificar sus políticas al respecto. Si el conocimiento ya está, por qué no se utilizan los medios de comunicación masivo para educar sobre esta verdad y en su lugar se generan, se mantienen y se permiten ideas opuestas?.
Lo circense del debate sobre la ética y la moral en la ciencia es que se hacen leyes intentando controlar solo ciertas actividades científicas, pero en cambio se destinan millones de dólares para investigaciones secretas de interés político. Allí no hay moral ni ética, excepto el interés de la nación suprema. El desarrollo de armas nucleares de destrucción masiva, el desarrollo de microorganismos para inducir enfermedades en plantas y animales de interés comercial o en los humanos y su aplicación a países que se atreven a sacudirse del yugo imperial no se cuestiona, esto no se pasa por el rasero ético y moral. Lo que se intenta controlar es aquella investigación que potencialmente genere conocimiento que permita cuestionar el orden social establecido, algo similar a lo sucedido en la época de Copernico o Galileo.
Sabemos que la vida en la tierra está interconectada por frágiles lazos biológicos y ecológicos. Ya se conoce que la forma actual de organización social que tiene la humanidad atenta contra la diversidad y que de seguir explotando indiscriminadamente los recursos naturales como los bosques y el mar ponemos en peligro a todas las especies incluida la humana. Por esto, toda discusión ecológica se torna inevitablemente en discusión política.
¿Qué tipo de conocimiento genera el manipular la célula embrionaria, clonar individuos, hacer transplantes de cerebro, crear úteros artificiales, desarrollar seres trasgénicos ya sean vegetales o animales?. Por qué se le teme y se condena antes de su desarrollo?. A quíen le sirve tal conocimiento y a quién perjudica?. De hecho, el conocimiento actual permite afirmar que la vida en la tierra depende enteramente del sol y dado que solo le quedan 3000 a 5000 millones de años, la vida como tal estaría condenada a perecer si solo contamos con el conocimiento actual. De otro lado, la vida está adaptada exclusivamente a las condiciones del planeta tierra incluida la gravedad, la tensión atmosférica y la concentración de gases. Entonces si deseamos conquistar lugares ahora inhabitables ya sea en la tierra o fuera de ella tenemos que tener un conocimiento pleno de cómo se inicia la vida, es decir, que moléculas y en que orden interactúan, paso a paso hasta generar un organismo, cómo éste se desarrolla, se reproduce, las modificaciones que sufre al interactuar con su medio y cómo es el proceso de su muerte. De este conocimiento dependerá el futuro de las generaciones venideras en el planeta. La única manera de desentrañar tal conocimiento es manipulando las células implicadas en el inicio de la vida. No se evidencia otra manera de conocer cómo se dan y cuales son los primeros eventos moleculares que suceden al fusionarse el espermatozoide con el óvulo e iniciar la embriogénesis sino manipulando los embriones. Lo aberrante para los moralistas es que estos procedimientos implican utilizar embriones de abortos y según creen esto podría forzar a la legalización del aborto. El hacer fusiones en el laboratorio del óvulo y el espermatozoide y manipular los embriones genera en los radicales religiosos la discusión de dónde, cuando y en que momento el alma forma parte del organismo. ¿Si las células embrionarias o los embriones son descartados durante el transcurso de la investigación equivale a asesinar almas?. Como se ve, al igual que en la edad media, la ciencia produce conocimiento que estremece las concepciones predominantes en la sociedad.
Las células madre son células relativamente indiferenciadas que al manipularlas en el laboratorio pueden llegar a convertirse en células de un órgano específico como corazón, hígado o células sanguíneas. Teóricamente, una célula madre se puede trasplantar a un órgano en particular, por ejemplo, un órgano dañado o cercenado después de una cirugía y bajo los estímulos de las células diferenciadas remanentes del órgano, la célula madre trasplantada podría regenerar de nuevo el órgano. Lo anterior significa que una célula madre, dependiendo de la procedencia y del tipo de estímulos que se le proporcionen en el sitio donde se trasplanta, puede producir células u órganos de acuerdo a lo requerido. Otras aplicaciones posibles incluyen el tratamiento de enfermedades como el Parkinson, la enfermedad de Alzheimer, la diabetes, el cáncer, los daños de la médula espinal por trauma, fallas cardiacas, enfermedades genéticas como la distrofia muscular de Duchenne y la osteogénesis imperfecta, entre otras. También se podrían estudiar los eventos iniciales del desarrollo embrionario, aún no explicados, los defectos congénitos (defectos no heredados adquiridos durante el proceso de gestación) y las anormalidades de la placenta que conducen al aborto espontáneo. El cultivo y estudio de las células madre permitiría adquirir métodos para identificar eventos genéticos, moleculares y celulares que llevan a desórdenes del desarrollo y de esta manera prevenirlos. Podrían usarse para hacer ensayos de bioseguridad, es decir, para probar fármacos medicinales nuevos, antes de aplicarlos a la población. Esto último evitaría el uso de animales de laboratorio y permitiría un conocimiento más cercano de la toxicidad de un fármaco. Actualmente, estos ensayos se hacen en animales y se sabe que el metabolismo de los fármacos en animales y en los humanos puede ser diferente y por tanto no se tiene un conocimiento exacto de su toxicidad. Los pormenores científicos y técnicos para tener éxito en los propósitos descritos anteriormente están aún en fase experimental preliminar. Llama la atención que un evento científico en ciernes, con grandes posibilidades de beneficios prácticos, pero con muchas preguntas de tipo técnico y científico por resolver, produzca polémicas candentes no a nivel científico, sino a nivel político y religioso. Las críticas desde el punto de vista religioso incluyen argumentos desde "los científicos no son dios para jugar con la vida" hasta opiniones moralistas que cuestionan la fuente potencial de las células madre que en la actualidad son los embriones abortados o las células cultivadas en el laboratorio después de fecundar óvulos con espermatozoides.
Al trasplantar el cerebro se prolongará la vida de individuos cuyo cuerpo está invadido por el cáncer o enfermedades degenerativas. Pero fue prohibida tal investigación porque en el fondo genera las mismas discusiones religiosas, por ejemplo, si serían dos almas en un solo cuerpo.
Si quisiéramos realizar grandes viajes interplanetarios en condiciones de gravedad distintas a la tierra, las hembras no podrían embarazarse o no podrían llevarlo a termino. Una solución a este problema es investigar la posibilidad de generar úteros artificiales. Esto no solo permitirá conquistar planetas con gravedad distinta a la tierra, sino de paso liberar a la hembra de la dependencia fisiológica y la humanidad podrá programar el número de nacimientos necesarios para las condiciones de su época. Para entonces, la maternidad ya no será un acto individual, implicará la planificación social. Para esa época se deberá tener en cuenta que normalmente de cien mujeres que se embarazan, 80 de estos embarazos poseen mutaciones que afectan su curso. En otras palabras, de 100 intentos de gestación, el 80% es "anormal" y solo el 20% es "normal". Del 80% anormal, a consecuencia de las alteraciones genéticas, la naturaleza elimina como aborto al 65% durante el primer trimestre del embarazo. Dado que estos abortos ocurren a los pocos días de la fecundación, la mujer lo toma como un retraso normal. El 25% restante aborta en el segundo trimestre y un 10% llegan a término pero nacen con defectos genéticos. Al hacer fecundación en el laboratorio para desarrollar embriones el porcentaje de anormalidades será el mismo al que ocurre normalmente en la población, entonces la sociedad se verá enfrentada a la realidad de si elimina o no los embriones anormales y solo permite llegar a termino el 20% normal, como ocurre actualmente en la naturaleza. Para esa época la discusión de si eliminar embriones con defectos es ético o no y si los embriones anormales tiene alma o no hará sonreir a cualquiera.
Pero el desarrollo de estas actividades científicas en la actualidad es incompatible con el esquema social de propiedad privada y con la moral y la ética que dicho sistema social genera. Quizá se comprenda mejor si pensamos que los viajeros espaciales del futuro han de tener un nivel cultural y científico incomparable al mejor científico del mundo actual. Claro, para entonces, de seguro las relaciones entre la población no será como las presentes basadas en la riqueza material o de propiedad privada. A esta realidad se tendrá que enfrentar la población, es inevitable, no dependerá del capricho de una u otra ideología sino del número de habitantes del planeta y de las necesidades obligadas a resolver: cómo obtener el alimento, la vivienda, el vestido, la educación, la salud de la población futura y planear el crecimiento demográfico. Plantear ahora que la maternidad no debe ser un derecho individual sino que debe planificarse socialmente sería visto como filosofía de un sistema político militar fascista, pero a esa realidad tendrá que enfrentarse la sociedad del futuro, no importa cuando.
En la edad media se condenaba a la hoguera aquél que husmeara sobre la sexualidad, abrir un cadáver era prohibido porque alteraba la relación alma-cuerpo, estas cosa hoy en día suenan a trivialidades pero no pocos murieron defendiendo lo que hoy es simple hasta para un niño. Lo mismo acontecerá con lo que se pretende prohibir en la actualidad, las necesidades que la realidad impone a la humanidad resolver harán trizas y risibles tales prohibiciones. Sigue siendo verdad que mientras los hombres desarrollen su producción material y en la medida que cambian sus relaciones de producción cambia su realidad, también cambia su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia.
Sobra decir que dentro de la discusión sobre la ética hay aspectos obvios para cualquier profesional e investigador de cualquier época del desarrollo humano. Me refiero a ciertos aspectos del quehacer diario profesional como el derecho que tienen las personas y animales a no sufrir dolor en una enfermedad, el derecho de los individuos a conocer las consecuencias de todo tratamiento que se aplique en su cuerpo, de ser bien atendido, de ser informado, el derecho a su individualidad y a tomar decisiones que atañen a su bienestar, entre otros. En estos aspectos existe unanimidad de criterios, en cuanto somos humanos y comprendemos no solo nuestras necesidades sino las de nuestros cohabitantes planetarios: las plantas y animales no humanos. Mas bien, cuando se violan o no se aplican los criterios plenamente conocidos es porque aplicar los derechos a toda la población origina costos económicos, que no se cubren por la desidia de los estados o por la inopia a que someten los países subdesarrollados las potencias dominantes.
Siempre existirá una diferencia entre los productores de conocimiento y los receptores. Por esto, cómo la población asimila y acepta los avances de la ciencia depende también de cuánto se hace para masificar el conocimiento que la ciencia produce y del desarrollo cultural de la población. Qué tan desarrollada está la producción se relaciona directamente con el nivel cultural de la población y qué tanto se hace para masificar el conocimiento científico o se oculta y en su lugar se impulsan ideas no científicas, depende de los intereses que tengan quienes están en el poder. Es irónico que presidentes de la nación más poderosa de la tierra consulten a un astrólogo para temas privados y públicos, implica que parte del proceso de toma de decisiones que influyen en el futuro de nuestra civilización está en manos de charlatanes.
Muchas de las decisiones sobre el rumbo de la ciencia se toman según el concepto previo de lideres religiosos que no tienen entrenamiento en investigación. No es casual que aparezcan con cierta frecuencia editoriales en revistas científicas influyentes intentando demostrar que no hay incompatibilidad entre la ciencia y la religión, que todo radica en el problema ético. Con este término definido por cada quien, según su manera particular de ver el mundo, se pretende justificar las prohibiciones de ciertas investigaciones.
Por qué un sector de la población no acepta para el consumo las plantas trasgénicas o carnes de animales trasgénicos? Porque la población no posee toda la información científica que le permita entender que no se esta haciendo nada nuevo a lo que la naturaleza viene haciendo desde que se formaron las primeras moléculas de la vida y se originaron las primeras células. Tales personas desconocen los mecanismos moleculares implicados en el proceso evolutivo de las especies y creen que los genomas no se influyen mutuamente, que los distintos organismos no tienen influencias del medio ambiente. Desconocen que desde los mismos orígenes de la vida ha existido y existe incorporación de material genético de un organismo a otro, de manera horizontal o vertical, entre los individuos o entre las especies. Por ejemplo, algunos virus al ingresar a la célula para replicarse, salir y colonizar otros individuos pueden permanecer insertos en el genoma de las plantas o de los animales hospederos. También se sabe que hay transferencia horizontal de DNA bacteriano a células humanas. Por todo lo anterior se puede afirmar que las plantas y animales, incluidos los humanos son transgénicos, que consumimos alimentos transgénicos cada día. Este proceso transgénico es uno de los varios mecanismos implicados en el proceso evolutivo de las especies. No se crea que por ser un evento natural es un mecanismo ²perfecto². Al contrario, es un evento azaroso que puede producir enfermedad o no, influir en la evolución o no dependiendo del sitio del genoma donde se inserte y de si altera la expresión de genes o no. Se sabe que algunos cánceres se inician por inserción de una secuencia vírica en un gen determinado. Al contrario de lo que piensan los opositores de la técnica, los científicos trabajan intensamente para intentar insertar genes de interés en un sitio controlado, para no producir alteración en la expresión de otros genes. Los riesgos al hacer organismos transgénicos no son mayores a los que tenemos todos los días si incorporamos un organismo no modificado a nuestras células, ya sean virus, bacterias o cualquier otro. En cambio, el manejo de la técnica nos permite modificar los alimentos para darles características nutricionalmente deseables, tratar enfermedades genéticas o para utilizar microorganismos que permitan limpiar los residuos tóxicos industriales.
Lo que sucede es mas bien, que los avances tecnológicos y científicos producen conmoción cuando la sociedad no está preparada para asimilarlos. Recuérdese el escándalo que ocasionó Darwin cuando publicó su teoría evolutiva de las especies y que implicaba que el hombre compartía un ancestro común con los demás simios. En esa época se dividió la comunidad científica y las distintas religiones intentaron ridiculizarlo. Hoy pareciera que se está repitiendo la comedia con nuevo argumento y diferentes actores. Por ejemplo, actualmente existen técnicas que permiten hacer diagnósticos prenatales de enfermedades hereditarias en el embrión, o reconocer en el feto o el niño genes defectuosos que causan enfermedades en la vida adulta. Entonces surge la pregunta de si se deben o no hacer estos exámenes e informarle al paciente que va a sufrir de tal enfermedad cuando adulto, qué consecuencia trae para su futuro laboral o educativo?. Resulta inevitable razonar que tal decisión depende de qué conceptos tiene la sociedad sobre la vida, es decir cual es el nivel cultural y científico de la sociedad. En resumen, depende de el nivel científico de quien hace la prueba, el nivel cultural del paciente para entender la magnitud del resultado y la necesidad de practicar dichos exámenes a la sociedad.
El científico es un trabajador social, dedicado a un área específica del conocimiento, cuyo producto en últimas ha de ser de aplicación social. Hay descubrimientos que solo tienen aplicación práctica años después de su hallazgo y tal situación es independiente de la voluntad del investigador. Los científicos buscan la verdad libre de influencias que consideran no científicas. Pero independiente de su voluntad, los resultados han de tener una aplicación en la sociedad presente o futura. La ciencia genera conocimiento, pero la aplicación directa a la sociedad de un conocimiento o técnica nuevos depende en últimas de si resuelve o no necesidades inmediatas que tenga la sociedad. Así, la necesidad de resolver un problema determinado está por encima de toda organización social, concepción política o religiosa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una técnica o conocimiento puede demorar su aplicación práctica social si es opuesto a los intereses económicos de la clase económica que dirige la sociedad. De hecho, el desarrollo industrial que hoy conocemos no lo impulsó la clase dominante del feudalismo. Al contrario, el nacimiento de la industria era opuesto al tipo de organización social y político del feudalismo, pero nació y se desarrollo porque resolvía problemas que la sociedad tenía y que el sistema económica feudal no podía resolver. La clase feudal, con la inquisición, retardó el desarrollo y la aplicación del conocimiento. La razón es que quienes estaban en el poder les interesaba mantener el orden económico vigente, con su organización social, política y educativa que les permitía gobernar. Lo nuevo les aterraba, les era extraño e innecesario. La clase que impulsaba la industria estaba ávida de todo conocimiento nuevo que impulsara su industria y a la vez reclamaba derechos políticos para impulsar el conocimiento.
Hoy sucede algo similar, el orden económico actual es desigual, las superpotencias padecen por superproducción, su preocupación es cómo vender. Les interesa poco investigar, crear conocimiento, excepto el estrictamente necesario para mantenerse competitivos, lo demás les aterra, les preocupa que se genere conocimiento para el cual no están preparados y cuya consecuencia social es impredecible. Temen perder el control social. Esto es lo que explica por qué de la necesidad de controlar lo que se investiga y explica también por qué a la par del desarrollo científico se renuevan o se mantienen ideas metafísicas y se remojan viejas concepciones propias de épocas pasadas que científicamente ya se explicaron.
Sin embargo debemos recordar que la ciencia surgió en el proceso transformador de la naturaleza y adquirió cierta "autonomía" solamente en una fase avanzada de la civilización. Durante su desarrollo paulatino ha generado una metodología específica, el método científico, que le permite analizar y verificar los hechos. El método científico es un arma poderosa de la ciencia porque unifica individuos de diversa índole, sin distingos de clase social, ideología, filosofía, política o religión que profese el investigador. En cada sociedad el conocimiento generado por los científicos es apropiado por y para objetivos sociales específicos. Es ahí donde el conocimiento, que parece hecho por individuos aislados, que trabajan en la búsqueda del conocimiento mismo, sin aparente vínculo social o político, se torna netamente social y político. Pero la utilización del conocimiento depende de los intereses que una sociedad tenga en un momento dado y de la clase dominante, en una sociedad de clases sociales. Así, se echa mano de uno u otro conocimiento, dependiendo del interés que se desee impulsar o mantener. De esta manera se justifica un orden social determinado.
Por ejemplo, es el poder político el que determina el destino de los rubros económicos para investigación, incluida la cantidad y el tiempo. Por ejemplo, la investigación espacial se utiliza para ubicar los recursos estratégicos en la tierra y poder controlar o influir sobre la economía y la política de uno u otro país del área de interés. Esto sin desconocer que toda investigación genera conocimientos del universo en general. Algunas de las investigaciones, especialmente en el área básica de las ciencias exactas y naturales, se realizan sin aparentes objetivos sociales inmediatos. Por esto algunos investigadores creen que su labor es solo por el conocimiento, libre de todo interés político. Ahora bien, la ciencia avanza por la suma de la labor de cada investigador y una vez se confirma un resultado importante viene su aplicación social. Es en la aplicación social donde la ciencia deja de ser apolítica o imparcial y, dependiendo de los intereses que primen en la sociedad, el beneficio será para unos u otros. Es en la aplicación social donde las clases se apropian del conocimiento, pues dependiendo de sus intereses impulsan, opacan u ocultan información. Por esto, en el desarrollo y en su aplicación social, la ciencia si tiene intereses de clase e intereses políticos.
Hay quien ve con pesimismo el futuro de la humanidad y cree que ²la naturaleza destructora del hombre² junto con el desarrollo de armas de destrucción masiva producirá un suicidio colectivo. Con base en esta visión opinan que se debe detener el desarrollo científico y tecnológico porque creen que la ciencia es la culpable y no analizan que el problema es el tipo de organización social actual, que el peligro real parte de quienes dirigen la sociedad.
Otra forma de analizar el problema de la bioética se basa en afirmar que la vida ya llegó al cenit de la evolución, pues la evolución genética concluyó con el desarrollo del cerebro humano, dado que con este la vida tomó conciencia de si misma. Entonces, el único camino a seguir es reproducir la conciencia en una forma no biológica, que se alimente con energía distinta a la que utilizan los animales. En este sentido, nuestro siguiente paso evolutivo consiste en crear seres cibernéticos inteligentes que tomen decisiones, como cualquier humano, pero con mejores capacidades que el cerebro de éstos. La energía que alimentará tal conciencia no será biológica, puede ser atómica proveniente de fuentes intergalácticas. Solo así, la materia hecha conciencia cibernética, podrá recorrer el espacio, a grandes velocidades. Según esta hipótesis, evolutivamente solo somos un eslabón más en el proceso material que partió de unas cuantas moléculas hasta adquirir conciencia y ésta debe continuar en otra escala más profunda y amplia que la poseída actualmente. Así, la materia transformaría la conciencia biológica a otra escala, la conciencia cibernética. Suena casi ridículo discutir esto ahora, pero la humanidad lo tendrá que hacer en el futuro. El desarrollo científico y técnico puede llegar a crear esta conciencia cibernética, debemos impedirlo porque pueden ser una amenaza a la humanidad? Tales conciencias tendrán ²alma, moral y religión² como la conocemos actualmente?.
En conclusión, el desarrollo económico de un país influye directamente en el desarrollo técnico y científico de la sociedad. Dicha sociedad incluye a quien hace la investigación o aplica la técnica y el nivel cultural de quien la recibe para entender la magnitud del resultado. Otro factor ligado al desarrollo es la necesidad que tiene la sociedad de adoptar dicha tecnología y conocimiento. La necesidad de resolver un problema determinado está por encima de toda organización social, concepción política o religiosa. Esto debe ser y será la guía que haga cambiar los conceptos de lo que es ético o no en investigación. Sin embargo, existe interés en mantener a la sociedad con ideas no científicas y controlar ciertas actividades investigativas, excepto las que confieran ventajas de estado, así las consecuencias sean de muerte para millones de habitantes. A un sector de la sociedad lo nuevo les aterra, les es extraño e innecesario, les preocupa que se genere conocimiento para el cual no están preparados y cuya consecuencia social les parece impredecible. Su principal preocupación es llegar a perder el control social por las enormes consecuencias que genera el conocimiento científico. Los científicos deberán vencer los obstáculos que se les imponen en la actualidad con el fin de permitirle a la humanidad el acceso al conocimiento y al bienestar, aliviando el sufrimiento causado por la enfermedad, los problemas genéticos y la hambruna y de esta manera poder mejorar su calidad de vida. Los obstáculos que se impusieron en la edad media retardaron el conocimiento absurdamente, en nuestras manos está impedir que de nuevo la oscuridad de la noche se apodere de la ciencia.

 

 
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